Por Dra. Janet Gabriela García Alcaraz, Coordinadora del Área de Investigación – NIMA

Cuando se habla de sexualidades juveniles, se destaca la preocupación por el embarazo temprano, un fenómeno que vulnera, principalmente, la vida de las mujeres jóvenes. No obstante, este es solo uno de los indicadores de la situación actual y las necesidades de las adolescencias. Si bien el Estado ha reconocido que las juventudes requieren de políticas específicas para garantizar su bienestar en el ámbito de lo sexual, y lo ha puesto en práctica con la implementación de programas que tienen en su base la educación sexual integral y una perspectiva de derechos humanos[1], las condiciones de precariedad continúan. Tan solo como ejemplo, encontramos que en México el 16 % de mujeres adolescentes de 15 a 19 años han tenido un embarazo (INEGI, 2018), y que 32.8 % de jóvenes de 15 a 17 años han vivido violencia sexual (UNICEF, 2019). Estamos, entonces, ante una apremiante problemática social y política que requiere de acciones colectivas.

En mi investigación doctoral, interesada por el impacto de la tecnología en las sexualidades juveniles (García-Alcaraz, 2022), un elemento central fue el análisis de sus experiencias desde una aproximación de derechos humanos. Aquí comparto algunos elementos que me parecen centrales para visibilizar la obstaculización de la ciudadanía en el ámbito de sexualidad, así como para promover los derechos sexuales y reproductivos de las juventudes. Un análisis a mayor profundidad puede encontrarse en el artículo “De la intimidad a la ciudadanía: socialización sexual de jóvenes en León, Guanajuato” (García-Alcaraz y Flores-Palacios, 2022).

Como parte de mi proyecto investigativo, tuve la oportunidad de entrevistar a mujeres y hombres jóvenes y escuchar, desde sus propias voces y posición como sujetos, parte de sus trayectorias sexuales cuya narración, a veces, comenzaba desde sus infancias. Lo que pude conocer sobre este tema, fue que hablar de derechos sexuales y reconocerse como sujetos de tales no es un ejercicio tan abierto y claro como se podría pensar. Esto evidencia que, a pesar de que haya declaraciones, políticas públicas y estrategias emprendidas por el Estado, el acceso a estos derechos se hace efectivo en las interacciones y el (auto)reconocimiento.

Como hallazgos sobresalientes, encontré fuertes contrastes entre las experiencias y las necesidades de mujeres y hombres, en las que ellas refirieron encontrar obstáculos para acceder a la salud sexual y reproductiva y a la educación sexual integral derivados de ser, precisamente, mujeres jóvenes. Una de las participantes me relató que, cuando era adolescente y le pidió a su mamá que la llevara a recibir atención ginecológica, ella le contestó lo siguiente:“¿Pero por qué vas a ahí? ¿Qué tienes? ¿Qué escondes? ¿Por qué vas? No debes de ir a esos lugares hasta que estés más grande”. En este testimonio, se hace claro el cruce del adultocentrismo con el sexismo. La estigmatización y control sobre el cuerpo de las mujeres jóvenes, no hace más que negar su acceso a derechos inherentes a ellas por ser personas.

Otra deriva relevante que exploré en esta investigación, fue la concepción de la ciudadanía sexual como una práctica que también toma lugar a nivel personal en las y los jóvenes. Es decir, ellas y ellos toman una postura activa sobre su sexualidad y en la búsqueda de autonomía que, lamentablemente, siempre se encuentra con trabas. Al respecto, nuevamente las diferencias de género se hicieron presentes, pues las jóvenes compartieron experiencias en las que vivieron malestar emocional asociado a la culpa, la violencia sexual y una fuerte carga de ser ellas las principales responsables de la anticoncepción.

A través de los elementos que he mencionado, se evidencia que para las jóvenes la ciudadanía sexual es un laberinto. Este camino, con impedimentos simbólicos y materiales para el ejercicio de sus derechos, las vulnera. Los derechos sexuales, como parte indisociable de los derechos humanos, deben ser garantizados para todas las personas, incluidas niñeces y adolescencias. Es apremiante que pensemos en las sexualidades desde una perspectiva de derechos, pues en ello se hace un reconcomiendo a su carácter multidimensional que se vincula con nuestro bienestar en general, y que sienta las bases y provee herramientas para derribar estructuras de poder y desigualdad (Londoño, 1996).

Luego de haber investigado esta problemática, puedo señalar tres rutas de acción para la defensa y promoción de los derechos sexuales y reproductivo de las y los jóvenes. Más que enunciar intervenciones concretas, estas propuestas invitan a un giro radical en cómo las personas concebimos las sexualidades y las juventudes a nivel social, político y cultural:

  1. Se requieren acciones de divulgación y educación, pero no solo a un nivel informativo. El objetivo debe virar hacia estrategias de subjetivación y concientización para que las juventudes se reconozcan a sí mismas y sí mismos como plenos sujetos de estos derechos. Esto, irreparablemente, requiere de una sólida perspectiva de género y de infancias y adolescencias.
  2. Reconocer que la ciudadanía sexual, entendida como el pleno acceso y ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, ocurre en la vida cotidiana y en las interacciones. Dado el carácter afectivo e inter e intrapersonal de la sexualidad, es imperante que se descentre la sexualidad del ámbito privado y politizar las experiencias de violencia y desigualdad que se viven en el día a día y en la intimidad.
  3. Derrumbar la concepción individualista de las sexualidades y los derechos sexuales. La situación en la que viven las y los jóvenes, nos insta a construir la ciudadanía sexual desde la corresponsabilidad para garantizar su pleno cumplimiento. Si bien el Estado debe fungir como el principal garante, las familias, los cuerpos docentes de instituciones educativas, las personas cuidadoras, las y los profesionistas y demás actores en contacto con estas poblaciones también podemos y debemos contribuir a la defensa y promoción de estos derechos, así como la a participación efectiva de las juventudes en su propia sexualidad.

 

 

 

Referencias bibliográficas:

García-Alcaraz, J. G. (2022). Jóvenes en la era digital: internet como herramienta para la construcción simbólica de la sexualidad (tesis de doctorado en psicología). UNAM, Ciudad de México. http://132.248.9.195/ptd2022/octubre/0832224/Index.html

García-Alcaraz, J. G., y Flores-Palacios, M. de F. (2022). De la intimidad a la ciudadanía: socialización sexual de jóvenes en León, Guanajuato. región Y Sociedad, 34, e1605. https://doi.org/10.22198/rys2022/34/1605

INEGI. (2018). Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2018. https://www.inegi.org.mx/programas/enadid/2018/#:~:text=La%20Encuesta%20Nacional%20de%20la,como%20otros%20temas%20referidos%20a

UNICEF. (2019). ONU México hace un llamado a eliminar todas las formas de violencia sexual contra las mujeres y las niñas. https://www.unicef.org/mexico/comunicados-prensa/onu-m%C3%A9xico-hace-un-llamado-eliminar-todas-las-formas-de-violencia-sexual-contra#:~:text=Por%20cada%209%20delitos%20sexuales,delito%20sexual%20cometido%20contra%20hombres.&text=Aproximadamente%2032.8%25%20de%20las%20adolescentes,sexual%20en%20el%20%C3%A1mbito%20comunitario.

[1] La Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (ENAPEA) y la publicación de la Cartilla de Derechos Sexuales de Adolescentes y Jóvenes por la CNDH ejemplifican estas políticas.


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