Por Natalia Guadalupe Juárez Aguiñaga, Coordinadora del área Psicosocial

Como cada inicio de año, pensamos y evaluamos que deseamos mejorar en nuestra vida. Escuchamos propósitos como emprender un pequeño negocio, salir de viaje, empezar a ahorrar para el retiro, tener un carro, comprar una casa… Todas estas metas son relevante y valiosas, pero ¿qué pasaría si en este 2023 nos planteáramos mejorar las formas de relacionarnos con niñas, niños y adolescentes que están a nuestro cuidado desde la crianza positiva?

Según la UNICEF (s.f.) la crianza positiva “son aquellas prácticas de cuidado, protección, formación y guía que posibilitan el desarrollo, bienestar y crecimiento saludable y armonioso, tanto físico como mental, espiritual, ético, cultural y social de las niñas, niños y adolescentes, gracias a que se realiza de acuerdo con la evolución de las facultades, la etapa del ciclo vital de desarrollo, características y circunstancias de la niña, niño o adolescente, sin recurrir a la violencia, sino respetando sus derechos humanos”.

Desde mi experiencia en la atención psicológica a niñas, niños y adolescentes, he escuchado a madres, padres, cuidadores y cuidadoras decir lo siguiente:

“Me siento una mala madre porque no sé qué hacer con mi hija”.

“Últimamente la niña es muy activa, solo quiere jugar y brincar, no sabe estar quieta, no sigue mis indicaciones, hace lo que quiere”.

“Le quita todo a su hermanito, si tiene un juguete va y se lo quita”.

“No parecen hermanas sino enemigas, se la pasan peleando”.

“Tengo muchas dudas de que cosas estoy haciendo bien o si lo estoy haciendo todo mal con mi hijo”.

Detrás de todas estas frases hay emociones encontradas. Si bien está el amor y el cariño, también es válido sentir frustración, enojo, tristeza o incluso miedo, pues seguimos siento seres humanos con un rol importante: estamos cuidando y acompañando a niñeces y adolescencias en desarrollo.

Como personas adultas, es un reto estar involucradas en la crianza de niñeces y adolescencias, pues nos lleva a conectar con nuestra historia de vida. Al reflexionar sobre cómo fuimos criadas(os), cómo nos vinculábamos con los demás o las formas en que sancionaban nuestras conductas, podemos aplicar las experiencias previas o crear y reaprender nuestras alternativas en el estilo de crianza.

Algunas recomendaciones que suelo darles a adultas y adultos cuidadores en el espacio terapéutico son:

  • Valida sus estados emocionales. Acompañemos a las niñeces y las adolescencias para reconocer y nombrar sus emociones, pues “la constante negación de los sentimientos puede confundir y encolerizar a los niños. Y también les enseña a no saber cuáles son sus sentimientos… a no confiar en ellos”(Faber & Mazlish, 2005, pág. 8).
  • Evita etiquetas. Cuando etiquetamos a una persona le asignamos un rol y en algunas ocasiones expectativas las cuales tienen que cumplir de manera consciente o inconsciente. Por ejemplo, Juanito es muy enojón, no es lo mismo a decir Juanito se enoja frecuentemente cuando las cosas no le salen bien. En este ejemplo se logra quitar del niño el papel del “enojón” y se pasa a la descripción de las situaciones que le generan dicha emoción.
  • Establecer límites claros. Pueden realizar un listado de acuerdos familiares y respetarlos, esto evitara confusiones y confrontaciones futuras.
  • Toma medidas de autocuidado. Si bien es importante el cuidado de niñas, niños y adolescentes, también es cierto que las personas adultas necesitan un espacio de desconexión como salir a un café, seguir frecuentando amistades, ver películas o series de nuestro agrado, etc.

Por último, te dejo una lista de libros donde puedes encontrar más información y ejercicios para poner en practica la crianza positiva:

  • “Niños sin etiquetas, Cómo fomentar que tus hijos tengan una infancia feliz sin limitaciones ni prejuicios” de Alberto Soler y Concepción Roger.
  • “Disciplina sin lágrimas. Una guía imprescindible para orientar y alimentar el desarrollo mental de tu hijo” de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson.
  • “Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen” de Adele Faber y Elaine Mazlish.
  • “El cerebro del niño” de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson.
  • “Tormenta cerebral. El poder y propósito del cerebro adolescente” de Daniel J. Siegel.
  • “Cómo Hablar Cuando Los Hijos No Escuchan” de Joanna Faber y Julie King.

 

Referencias

Faber, A., y Mazlish, E. (2005). Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen. Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V.

Soler, A., y Roger C. (2020). Niños sin etiquetas. Cómo fomentar que tus hijos tengan una infancia feliz sin limitaciones ni prejuicios. Paidós.

UNICEF. (s. f.) Preguntas frecuentes sobre crianza positiva. Logra una crianza firme pero amorosa con niñas, niños y adolescentes. https://www.unicef.org/mexico/preguntas-frecuentes-sobre-crianza-positiva


Instituciones de Apoyo

Centro de Promoción de los Derechos Humanos de Niñas, Niños y Adolecentes en Guanajuato.

Ubícanos:

Chiapas #501.
Col. Bellavista.
C.P. 37360
León, Gto. MX.

MAPA
Contacto:

477 713 2214
contacto.nima@comunidadloyola.org


  • Términos y condiciones.
  • Aviso de privacidad.
  • Bolsa de trabajo.

© 2022. Todos los derechos reservados NIMA®

Diseño y desarrollo HOT Marketing®

Privacy Preference Center